domingo, 19 de septiembre de 2004

52 Festival de Cine de Donosti (II)

La realidad del mundo a través del cine
José Luis Rebordinos, subdirector del Festival de Cine de San Sebastián, recordó ayer, durante la presentación de una de las películas inscritas en Zabaltegi, el compromiso del certamen en esta edición con el cine social, con la realidad del mundo que nos rodea y lo ajenos que permanece a veces el Séptimo Arte ante la constante lucha de algunos creadores por abrir los ojos al mundo a lo que pasa fuera de nuestras fronteras, a la gente que sufre y está desvalida, que pasa hambre y padece miserias.
El cine sirve muchas veces como vehículo a modo de reflejo de las infracondiciones que no vemos, pero que existen. Y ése parece ser el objetivo de esta edición que, en su primer día de Sección Oficial ha sido la nota predominante de la temática de sus dos primeras películas a competición, pero con diferentes objetivos, aunque equiparando sus resultados finales. ‘Brodre’, de la directora Susanne Bier, una de las presencias ya concursantes en pasadas ediciones del festival y autora de obras en las que el amor y el dolor suelen ser la pauta a seguir, escoge estas dos particularidades para narrar una extraña historia de las consecuencias de la guerra (en esta caso, como no podía ser de otra manera, la de Irak) dibujada en la personalidad de un soldado danés que tras sufrir un calvario vuelve a casa para desquiciar con su enajenación a la familia que le creía muerto.
La danesa, pretende arriesgar (y a veces cae en la estupidez) de la propuesta, no desafía en su aserto y destapa los demenciales tópicos del horror bélico y sus secuelas, la pérdida y aceptación posterior de la familia y el reencuentro que acarrea secuelas imborrables. Y no pretende sólo arriesgar en la forma torpe y aburrida de contarlo, ya que se ve su intención de trascendencia en la elección de Ulrich Thompsen y Nicolai Lie Kaas. Actores que a los no habituados al festival no les sonará mucho, pero en cada certamen representan a su país como iconos de la interpretación danesa. Si a esto, se le une el protagonismo estelar de la hermosa actriz Connie Nielsen, acomodada en Hollywood gracias a filmes como ‘Gladiator’,‘Retrato de una obsesión’ y ‘Basic’, tenemos una película llena de pretensiones que se queda en una anodina y absurda idea intencional, pero vacía y aburrida en su consecución.
Algo que vendría muy bien para definir a la más que lenta propuesta del prestigioso François Dupeyorn con ‘Inguélézi’, visión ecuménica y bondadosa de la indulgencia integradora de una viuda que acaba de perder a su marido y que, por azares de la vida, se ve ayudando a un inmigrante kurdo a acceder a Inglaterra, la tierra de las oportunidades para este pobre aislado en un país que no le entiende. El silencio como metáfora de avenencia, la constante y mareante cámara al hombro y una sensación de ‘no está pasando nada’ abordan un producto de fin esperanzador, pero de medios que llevan al bostezo (en incluso invitan a la cabezadita) en una ‘road movie’ que no responde en absoluto a lo que se esperaba del ganador de la Concha de Oro por esa maravilla que fue ‘C’est qoui la vie’.
Ambas películas responden a la intencionalidad de realidad y sociedad del que habla Rebordinos, pero ninguna de ellas son accesibles o albergan algo de interés para conseguir dicho fin. No esperamos en la 52ª Zinemaldia, por tanto, una variedad genérica que permita respirar o reír con comedias. Así que invoquemos porque el nivel vaya subiendo en las sucesivas jornadas.
Siguiendo las pautas estructurales de Dante, Jean-Luc Godard acomete una visión de su cosmos filosofal (síntoma de que se aburre) basado en los apotegmas, aforismos y devaneos con el estoicismo cinematográfico y existencial. El resultado es un insólito filme que no responde a las bases de un documental, ni tampoco a las de la ficción.
Es un ensayo con historia dividido en tres partes: el Infierno, representado en la guerra con un montaje espesito de películas bélicas que homenajean al cine y a la vida y que parece más un sangriento volumen del ‘snuff’ ‘Faces of Death’ que a una pretendida obra ensayística de un hombre acostumbrado a creerse el ombligo de la renovación del cine; el Purgatorio, centrado en una visita a Sarajevo con motivo de los Encuentros Europeos del Libro y que cuaja en la parte más interesante del filme (excepto la visión de Juan Goytisolo divagando y poetizando sin saber muy bien su dirección ni sentido); y el Paraíso, con un breve paisaje bucólico custodiado por marines norteamericanos en un infumable recorrido con balcanes, palestinos e israelíes en un final que deja la sensación de que Godard tiene en su fondo grandes cuestiones que, pese a profetizar su edad provecta y arcaica para los tiempos que corren, tiene aún mucho que decir. Si su creencia de que el pensamiento debería estar basado en la razón y no en afirmaciones irracionales de revelaciones divinas le deja.
Si Godard incluye bajo su concentrada tesis veladas respuestas sobre la vida y la muerte como acercamiento a la intrascendencia del pensamiento actual sobre la sociedad, el excelente documental 'Darwin´s nightmare', arremete contra la conciencia del espectador con la desgarradora realidad del Lago Victoria, en Tanzania, donde se ha introducido una nueva especie de peces gigantescos que ha terminado con toda la fauna del lago, y alrededor del cual ha surgido una industria de enormes dimensiones que, en aras del progreso, está arruinando el equilibrio del país. Su realizador, Hubert Sauper, dignifica su trabajo implicando una metáfora en la que se extrae la frase por todos conocidos “mientras el pobre se muere de hambre, el rico se hace más rico”, y todo ello en una época que sigue utilizando a los países pobres para traficar con armas y las vidas de estos pequeños submundos llenos de pobreza.
Por último, ‘Looking for Fidel’ destapa, otra vez, las vicisitudes de Oliver Stone y su trato con Fidel Castro. Un documental con ritmo, lleno de verdades ocultas e hipocresías evidentes en la forma de dirigir de Castro, que se autodenomina un ‘líder espiritual’ y no un caudillo como deja caer el director de ‘Platoon’. La carencia de libertad, el dinero devaluado, la sindicalización siempre fiel a la gerencia son temas que se unen, de una forma solaz y entretenida conversación entre el dirigente y el cineasta, a temas sobre la libertad de expresión mediática, la crítica al sistema comunista del gobierno cubano que lleva en sus genes la autodestrucción y que le sirve a Castro para atacar constantemente y echar la culpa a USA de cualquier mínima inconsistencia de su gobierno que, históricamente ,encontró en el embargo norteamericano el argumento eficaz para justificar ante la opinión pública nacional, los fracasos de su política económica. Y los cubanos tan contentos, y Fidel engrandecido en cada respuesta, y Stone siendo diáfano dejando ver en Castro una figura apasionante, demagógica, elocuente y dictatorial.
Y mañana, más.