sábado, 18 de septiembre de 2004

52 Festival de Cine de Donosti (I)

El genio de Manhattan desdobla su genialidad
Allen Stewart Konigsberg, nacido en 1935, se ha convertido, con el paso de los años, en un clásico del cine contemporáneo y en el referente cómico más importante de las tres últimas décadas. Escritor, actor y director, el cineasta más típicamente neoyorquino del Séptimo Arte se ha caracterizado a lo largo de su dilatada filmografía por reiterar una y otra vez sus fobias, exorcizar sus fantasmas de hipocondríaco y vencer sus miedos a través de cintas memorables y poco convencionales. El genio de Manhattan abrió ayer el festival donostiarra con ‘Melinda & Melinda’, una demostración de que su cita anual con el cine (lleva tiempo rodando una película por año) no responde a una imposición autoral, sino a un gran momento de creatividad que parece no tener fin. Tanto es así que Woody Allen aporta con este filme una historia que, a priori, parece reunir las características fundamentales de su cine en una magistral composición donde sus personajes habituales vuelven a circunscribirse en un cosmos de relaciones heterosexuales llenas de trabas e imprevistos, unificando encuentros y desencuentros y tipificando lo que responde a aquello que se espera de esta nueva y fructífera etapa como realizador y guionista.
Sin embargo, ‘Melinda & Melinda’ es diferente, arriesgada, y ofrece algo que en sus últimas películas no había dejado ver y que pocas veces ha ofrecido en su filmografía. A través de los ojos de cuatro intelectuales neoyorquinos, Allen juega con el drama y la comedia en un juego de espejos totalmente prodigioso, logrando una oculta lección de la narración cinematográfica en cuanto argumento se refiere. Allen lanza cuatro datos en la vida de una chica de la que todos han oído hablar y, partiendo desde esas visiones de filósofos de café que se aburren, crea dos historias acerca de la misma mujer, pero con dos destinos en manos del generador según sea el cristal con el que la describe. Con esta pauta bipolar, el drama del mejor Allen reflexivo y trascendental se asocia a la comedia que ha venido manejando en los últimos años. Una combinación sorprendente y alucinante.
Esta apasionante mezcla otorga al gran maestro la posibilidad de desafiar el metalenguaje genérico en dos argumentos que se desarrollan con los mismos elementos narrativos en cuanto a giros de guión, pero disolviendo la historia en función de lo optimista de la comedia romántica y lo trágico del melodrama. Con todo esto, Woody Allen demuestra que sus películas anuales pueden llegar mucho más allá del estado de brillantez al que estamos acostumbrados. Y es que la doble Melinda de Allen es una obra de trascendencia intachable que se sitúa a la cabeza de sus mejores trabajos de los últimos diez años. Una pequeña joya.A estas alturas, se podría decir que Woody Allen es un género propio con una genealogía de personajes que abarcan una diversa carrera personal, a menudo autobiográfica, donde ha sabido combinar un desbordante sentido del humor con su visión catastrofista de la vida. Creador de satíricas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte, Allen recogió el primer Premio Donostia de las manos de Pedro Almodóvar. Durante la rueda de prensa, el mítico cineasta afirmó sentirse muy contento con el galardón, arropado por el reparto de su última película Radha Mitchell, Chöe Sevigny, Amanda Peet y Chiwtel Ejofor y mostrando su mejor cara. Desde ayer, el festival le dedica una más que interesante retrospectiva que recoge toda la filmografía del director que reúne obras maestras, películas menores y, sobre todo, películas de Allen de muy difícil acceso.
En Zabaltegi ‘Vera Drake’, de Mike Leight y ‘Nostre musique’, la particular ‘Divina comedia’ a modo de documental de Jean-Luc Godard fueron los platos fuertes de un certamen que acoge hoy el Premio de Cinematografía de la Academia Española a Javier Aguirresarobe, maestro de la luz que sabe convertir los lugares en inspiradas emociones a través de una mirada única en un arte tan denostado últimamente en nuestro país.
En la parte más frívola y ‘glamourosa’, además de Woody Allen (acompañado, cómo no, por Soon-Yi) y su ‘troupe’ ya mencionada, Stephen Frears, John Leguizamo, Michael Winterbottom (que trae bajo su polémico último trabajo ‘9 songs’). San Sesbastián, con Allen, ha jugado a carta segura su presentación. Como dije ayer, la cosa, promete, ahora sólo falta que las expectativas se vean cumplidas.